
Director: Richard Lester.
Intérpretes: The Beatles (John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr), Wilfrid Brambell, Victor Spinetti.
"¡Qué noche la de aquel día!" fue la primera película que rodaron los Beatles. Al estrenarse en 1964, el año de su consagración en EEUU y a nivel mundial, se tiene la idea de ella como un relato del grupo en su punto más alto de fama, pero la verdad es bien distinta.
Lo primero que hay que tener en cuenta es el meteórico ascenso del grupo: en Octubre de 1962 publicaron su primer single, “Love Me Do”, aunque no tuvo una gran repercusión. No fue hasta que editaron el siguiente sencillo, “Please Please Me”, en enero de 1963, que lograron su primer número 1, y empezaron su escalada a la fama en Inglaterra. Grabaron en marzo su primer álbum (que titularon también “Please Please Me” para aprovechar el tirón del single), en abril lograron otro número 1 con “From Me to You”, y no fue hasta agosto, con el arrollador triunfo de “She Loves You”, cuando se desató la histeria por el grupo, aún como un fenómeno estrictamente inglés. El domingo 13 de Octubre actúan en el programa de televisión británico más importante, “Val Parnell’s Sunday Night at the London Palladium”, grabado en directo. La repercusión fue inusitada: miles de fans dentro y fuera del Palladium, gritando ante la presencia de los Beatles, y una audiencia de 15 millones de espectadores. Al día siguiente, una nueva palabra inundaba los rotativos británicos: Beatlemanía. Fue entonces cuando Bud Ornstein, jefe de producción de la sección británica de United Artists, pensó que había que sacar partido de aquel fenómeno con una película. Le encargó a Walter Shenson que llevara la producción de la misma, y el día 31 de Octubre Shenson le ofreció el contrato a Brian Epstein, manager del grupo.
Epstein ambicionaba llevar a sus chicos a la gran pantalla hacía tiempo, así que aceptó apresuradamente la primera oferta que le hizo el productor (que contemplaba tres películas por una cantidad bastante baja dada la popularidad del grupo). Posteriormente, Paul McCartney lamentaría la poca habilidad negociadora de Epstein, que ni siquiera les aseguró un porcentaje de los enormes beneficios del film.
Pero hay que situarse en perspectiva: “A Hard Day’s Night” (cuyo título en aquellos primeros momentos era, como no podía ser de otra manera, “Beatlemania!”) era considerada una película de bajo presupuesto (189.000 libras), un producto de consumo inmediato que debía cocinarse rápidamente para aprovechar la “fugaz” fama del grupo. En esos primeros tiempos existía la percepción general de que la Beatlemanía era un fenómeno pasajero, una moda que pasaría en unos meses, quizás en un año o dos. Era ya una pregunta habitual en las ruedas de prensa del grupo: “¿Qué haréis cuando estalle la burbuja?”, dando por hecho que ocurriría. Así pues, desde que se acuerda hacer el film hasta que empieza a rodarse pasan sólo 4 meses, un espacio de tiempo mínimo para cualquier producción.
Se contrata como guionista a Alun Owen, natural de Liverpool, recomendado por Paul McCartney, que estaba impresionado por su trabajo en la serie “No trams to Lime Street”. Además, Owen sabría captar el peculiar sentido del humor de Liverpool, así como el modo de hablar de la ciudad norteña. Sin perder tiempo, Owen acompañó al grupo en su gira inglesa de noviembre, con la que presentaban su segundo LP, “With the Beatles”. La idea era que captara la personalidad de cada uno de los chicos, su sentido del humor, modo de hablar y comportarse, etc.
Los primeros borradores de Owen no convencieron: eran historias ficticias o de aventuras, con números musicales intercalados. Los Beatles no querían repetir los errores de Elvis Presley en Hollywood, ni repetir los trillados pasos de otras estrellas británicas como Cliff Richard (que protagonizó varias estereotipadas películas). Puesto que el presupuesto era poco, y la película tenía que ser en blanco y negro (que era más barato), se optó por una arriesgada idea: retratar con estilo documental el día a día auténtico de los Beatles.
Era el momento de elegir el director, y la idea de Walter Shenson de contratar a Richard Lester fue muy del gusto de los Beatles y George Martin. Lester, director norteamericano afincado en Inglaterra, estaba detrás del programa de culto “The Goon Show”, que demostraba un sentido del humor del absurdo cercano a los Hermanos Marx, y muy en sintonía con el del propio grupo (y George Martin, que no en vano había producido varios discos cómicos con gente como Peter Sellers). Además, Lester tenía conocimientos musicales y había dirigido a la estrella pop Helen Shapiro en la película “It’s trad, dad”.
Los Beatles estuvieron en París, dando una serie de conciertos en el Teatro Olimpia, entre el 16 de enero y el 4 de febrero de 1964. Alun Owen les acompañó para tomar más notas sobre ellos y terminar de pulir el guión. Fue en esos días cuando llegó la confirmación de que el último singles de la banda, “I want to hold your hand”, era número 1 en EEUU.
Tras una triunfal gira relámpago por el país americano, los Beatles vuelven a Inglaterra, donde Richard Lester ultima los preparativos para el rodaje de la película.
El 2 de marzo comenzó el rodaje con la secuencia inicial, en la que los Beatles huyen de un grupo de fans en una estación de tren (la película se rodó prácticamente en orden cronológico). La filmación duraría hasta el 24 de abril.
Al cabo de un fatigoso día de rodaje, Ringo dijo la frase “It’s been a hard day’s night” (una forma gramaticalmente incorrecta de decir que había sido un día duro), pero contrariamente a lo que se cree, no fue un error del batería, sino que estaba citando una frase del libro que acababa de editar John Lennon, “In his own write”, una colección de historietas surrealistas llenas de juegos de palabras como el que recordó Ringo. Richard Lester propuso que ese fuera el título de la película, ya que reflejaba el humor y el estresante ritmo de vida que se muestra en la película. Esa misma noche, Lennon compuso la canción que contenía el título, para evitar que McCartney se le adelantara (aunque, como era habitual en aquellos primeros tiempos, Paul le ayudó a terminar la canción con un delicioso puente o “middle-eight” que suaviza la queja de Lennon de “trabajar como un mulo” al rememorar la sensación de estar en casa con la amada).
Puesto que el film iba a retratar al grupo en su ambiente de trabajo, no fue difícil introducir números musicales sin recurrir al estilo Hollywood, en que la gente se pone a cantar de repente y la música aparece sin más: en “¡Qué noche la de aquel día!”, las canciones aparecen en un ensayo del grupo, en una grabación, en un concierto… únicamente “I should have known better” ocurre en un lugar insólito (el interior de un tren), pero los Beatles aparecen tocando sus instrumentos. Y en el caso de “Can’t Buy Me Love”, la canción suena sobre unas imágenes del grupo corriendo por un campo, después de escaparse de sus obligaciones, pero no cantan ni bailan. Esta secuencia, en la que la música no está relacionada con un playback, sino que ilustra unas imágenes montadas sobre el ritmo de la misma (también así se montó la canción “A Hard Day’s Night” sobre el arranque), hace que mucha gente considere “¡Qué noche la de aquel día!” como precursora del vídeo-clip, y en años posteriores se llamó a Richard Lester “el padre de la MTV” (con cierta sorna, Lester demandó una prueba de paternidad).
El 4 de julio de 1964, en medio de una gran expectación y con la presencia de la Familia Real, se estrena en Londres “¡Qué noche la de aquel día!” El éxito fue arrollador: ante las escasas 200.000 libras de presupuesto, los 8 millones de dólares recaudados en una semana convierten la película en una de las más rentables de la historia.
Unos días después, el 10 de julio, aparece el álbum “A Hard Day’s Night”, con una cara A que recoge las 7 canciones de la banda sonora y 7 canciones nuevas más en la cara B. Este disco supone una nueva hazaña del grupo: es el primero compuesto íntegramente por canciones firmadas por Lennon y McCartney, algo inaudito entre los grupos y estrellas pop de la época. Los Beatles, además, habían subido un escalón en sus ambiciones musicales, con una variedad de ritmos y registros que convierten al disco en el mejor de la primera etapa del grupo.
En cuanto a la película, trascendió su condición de artefacto creado al servicio de una moda para convertirse en un clásico del género musical, ¿es la fama de los Beatles la única razón? No es el caso: la película, con su estilo fresco, realista y cercano se inscribe en la corriente del llamado Free Cinema inglés, que se equiparaba a otros movimientos como la Nouvelle Vague francesa o el neorrealismo italiano. Un cine que pretende dejar atrás la artificiosidad de decorados e interpretaciones, que aboga por sacar la cámara a las calles, filmar historias cercanas a la realidad, con actores más reales y cercanos que las estrellas de siempre. Y por lo general, en blanco y negro.
Los Beatles, con su espontaneidad y su contagioso sentido del humor, encajan en esta corriente, pero Lester aporta ciertos momentos surrealistas que dan un cariz especial a la película.
Por lo demás, la película contagia una energía y vitalidad difícil de resistir, y retrata a los Beatles en el camino de ascenso a la fama (como hemos visto, ese ascenso fue en paralelo al desarrollo y realización del film, lo cual le confiere un carácter histórico único). El guión de Alun Owen y las improvisaciones de los chicos nos ofrecen a los Beatles tal como los recordamos: John Lennon escondiendo sus inseguridades tras una coraza de sarcasmo, Paul McCartney sobreactuado como encantador showman, George Harrison introvertido y mordaz, Ringo Starr como el hombre común, encantado de estar allí. Fue precisamente el batería el que mejor críticas recibió por su interpretación, especialmente por una escena en la que camina pensativo y melancólico junto al río. Ringo reconoció que realmente no estaba actuando, sino que había acudido al rodaje sin dormir después de una borrachera, y que realmente se encontraba tan mal como parece. Fue Starr el único que siguió una carrera más o menos constante como actor fuera del grupo.
La película fue nominada a los Oscars por su banda sonora (curiosamente, la música incidental de George Martin, no las canciones de los Beatles) y, para sorpresa de muchos hoy día, al Mejor Guión Original. Y es que Alun Owen consigue sintetizar en unas pocas secuencias y diálogos el proceso de ascenso meteórico y ritmo infernal de trabajo que llevaban los Beatles en ese momento exacto de la historia. Consigue difuminar los límites entre documental y ficción, entre musical y concierto filmado.
Por su parte, Richard Lester volvió a dirigir a los Beatles un año después en “Help!”, película ya enteramente de ficción, muy inferior a su predecesora. Posteriormente, se le conocería por sustituir a Richard Donner al frente de “Superman II” y “Superman III”.
A pesar de que es una película muy arraigada en su momento histórico, y en el fenómeno Beatle, sigue mereciendo la pena acercarse a ella para encontrar buenas canciones, unas dosis de buen cine, y mucha diversión.
Federico Alba
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